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Libros de autor

NOTICIAS

Libros de Autor
Narrativa: Relatos
21 x 14 cm; 116 págs.
Rústica fresado con solapas
ISBN: 978-84-122452-8-8
DL: V-677-2021
PVP: 15 euros

Portada Mujeres, momentos
Mujeres, momentos
Mª Luisa Pérez. Ilustraciones Mª Luisa Pérez

Los relatos que componen este libro, ya sean más largos o más breves, más intensos o más anecdóticos, más dramáticos o más placenteros, nacen todos de una raíz común: la experiencia de una mujer que ha atravesado ya casi todas las etapas de la vida y, en plena madurez, se detiene en distintos momentos de la vida para convertirlos en ficción. No  se trata, sin embargo, de contar “experiencias reales”, vividas directamente, sino de utilizar la imaginación para convertir en literatura momentos que considera significativos, plenos de sentido, o simplemente interesantes.

El recorrido por este libro nos lleva a experiencias muy singulares y a conocer a personajes inventados que seguramente nos resultan muy familiares.

Como dice Siri Husvestd: “Escribir es recordar lo que nunca pasó”. Pero que nuestra imaginación trata de insuflarles esa realidad inexistente, para dar sentido a nuestras vidas.

Leer relato

 

María Luisa Pérez Rodríguez. 

Nace en Alcoi (Alicante) y realiza estudios de Bellas Artes en la Escuela de San Carlos de Valencia en el periodo 1963-68, licenciándose en las especialidades de Pintura y Grabado.

En 1989 Doctora “cum laude” por la Universidad Politécnica de Valencia. Obtiene la Plaza de T.U. en el año 1994, impartiendo docencia en la Facultad de Bellas Artes hasta el 2010, año en el que se jubila.

Ha participado en 25 exposiciones individuales, 98 colectivas y en 19 Ferias Internacionales de Arte. Tiene numerosas obras en colecciones privadas tanto en España como en el extranjero.

Ha colaborado en varias publicaciones didácticas y en Libros Artísticos. Y publicado varios catálogos de Arte, relatos de Narrativa Breve y Microrrelatos.

2º Premio Certamen-Maratón de micros organizado por CLAVE, año 2014 y 1er. Premio en el III Concurs de Micreorrelats per la Igualtat “Clara Campoamor”. Organitzat pel Grup de Debat Igualtat d´Alzira, año 2018

2008 Publicación del libro: “El autorretrato o la identidad ante la cámara fotográfica”. Editado por Romeu Editores.
2010 Un capítulo del libro: El cuerpo creado. Representaciones del cuerpo en la contemporaneidad”. Editado por el MUA  de Alicante.
2014 Publicación del poemario: “Palabras en el vacío”. Ediciones Contrabando.
2015 Seleccionada en el IV Concurso Relatos Cortos Isonomía “Mujeres y Educación”. 
2015 Publicación del poemario “Instantes de silencio” (edición bilingüe). Ediciones Contrabando.
2015 Seleccionada en el Premio Internacional de Relatos “Mujeres viajeras”.
2016, 2017, 2018 varias publicaciones editadas por Valencia Escribe.
2018 Publicación del libro: “Infancia y juventud en Alcoy. Imágenes y recuerdos”. Ediciones Contrabando.
2020 Publica “Diario del confinamiento”. Ediciones Contrabando. Edición privada.


 



 

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EL CUMPLEAÑOS DE  PATRICIA

 

La llamada me sorprendió y me costó reaccionar. Habían pasado tantos años sin saber nada de ella que no reconocí su voz; fue su risa contagiosa la que me trasladó a un tiempo pasado ocupado totalmente por ella, por Patricia.

Tenías claro no parar hasta localizarme, dijiste. Tus palabras consiguieron eclipsar los años transcurridos desde nuestro alejamiento y la conversación telefónica discurrió con la fluidez y la cercanía  de entonces. Tu llamada y la urgencia por encontrarme se debían a que celebrabas un cumpleaños redondo y era imprescindible que yo, tu amiga de "toda la vida", asistiera. La fiesta, el próximo fin de semana, que según tú, era el último de la juventud –comentaste entre risas–. Una vez cumplidos los cincuenta, se ingresa en la adultez y, si hasta entonces te consideras joven, a partir de esa fecha empieza la etapa en la que tienes que asumir ser mayor. Sobre todo, nos ocurre a las mujeres, puntualizaste. Al haber desaparecido la palabra vejez, ser mayor se prolonga hasta que las evidencias te quitan de la circulación. Circulación, dijiste con tu ironía de siempre, soltando otra carcajada.

La llamada ha conseguido agitar mis recuerdos. Uno de ellos, el inicio de nuestra amistad en aquellos lejanos años ochenta al coincidir las dos en el mismo instituto. Éramos muy jóvenes, quinceañeras y, aunque muy distintas, congeniamos rápidamente. Teníamos muchos puntos en común. Sobre todo la pasión por la música, y también éramos muy obstinadas en lo que creíamos. Soñábamos con tener un trabajo que nos diera independencia económica, algo imprescindible para conseguir la autonomía que la generación de nuestras madres no había tenido. Era necesario poder decidir sobre nuestras vidas, en nuestro futuro. Obtener un título universitario parecía lo más acertado. El esfuerzo y nuestra cabezonería nos ayudarían a conseguir lo que nos propusiéramos, decíamos optimistas, decididas a cambiar el mundo. La libertad, como sinónimo de autenticidad, era nuestro lema. 

El matrimonio religioso era el único de convivencia correcto, pero también eso se estaba empezando a cuestionar entonces. Aunque el ambiente en el que tú vivías estaba anclado en el pasado. Eras la quinta de cinco hermanos y te llamaban "la oveja negra de la familia", por algo sería. Tuviste muchos enfrentamientos con tus padres y, sobre todo, recuerdo cómo cuestionaron nuestra relación. Sus prejuicios eran tan evidentes que tuve que dejar de ir a tu casa en nuestras acostumbradas y largas sesiones de estudio –entonces solo de estudio– por el rechazo tan evidente que sentían hacia mí y que trataban educadamente de disimular Y no era solamente por nuestra diferencia social. Para ti esto suponía un aliciente más para desafiarlos.

Teníamos ansias por participar en los cambios y estábamos convencidas de conseguirlos. El tiempo de las dudas todavía no había llegado, y estábamos seguras de que cuando tuviéramos que tomar las decisiones que la vida nos fuera trazando, las asumiríamos sin problemas ¿Recuerdas, Patri, nuestra confianza de aquellos años?

Siempre pensé que el instituto donde estudiamos fue decisivo para nuestro encuentro, y el buen ambiente que teníamos en el entorno, fundamental para consolidar nuestra amistad. Una de esas coincidencias que existen en la vida capaces de dejarnos una huella profunda e imborrable. Según Ernesto Sábato, “nada de lo que nos ocurre, ya sean encuentros imprevistos, profundos desencuentros o el amor, son obra de las casualidades, sino que nos están misteriosamente reservados”. Ahora, en la distancia y habiendo pasado por todos esos estadios, no imagino qué directrices habrían seguido nuestras vidas sin esa coincidencia, sin encontrarnos. 

Compartimos además de nuestras reivindicaciones feministas, la suerte de conocer a profesores que nos transmitieron el amor a los estudios y nos enseñaron a cuestionarnos lo establecido, a debatir, a sentir con pasión muchas de las cosas que empezábamos a descubrir. La música, la filosofía, también al sexo masculino con sus diferencias físicas y sociales, y, sobre todo, descubrimos nuestros propios cuerpos. 

Tú siempre fuiste más extrovertida, más abierta que yo para hacer nuevas amistades. Deslumbrabas por tu actitud desinhibida, tu sonrisa absolutamente irresistible y por tener un cuerpo atractivo y precozmente desarrollado. Yo me dejaba arrastrar, lo reconozco. Me planteaba la vida con más sosiego, era menos impulsiva y lo sigo siendo. Ahora, sinceramente, no sé si has cambiado poco o mucho. O nada. Para mí, actualmente eres una extraña. No te conozco ahora que vas a cumplir cincuenta años. Ya no sé cómo piensas al hacerte mayor y no ser parte de mi vida. O al menos, hasta hace unas horas, no ocupabas mis pensamientos.

Todo este cúmulo de recuerdos, aletargados en el tiempo pero nítidos en mi memoria, han conseguido que no pueda conciliar el sueño. 

Me levanto, enciendo un cigarrillo y, como otras veces, me digo que es el último. Me relaja aspirar profundamente y, sobre todo, sentirlo entre mis dedos. Es una efímera y engañosa compañía, pero ayuda en las noches de soledad. No tanto como la gata que, como siempre, agazapada tras sus cristalinos y amarillos ojos, me sosiega. Al oírme se ha tumbado en mi regazo y pide mimos mientras ronronea. ¿Intuye mi desánimo? Tu llamada me ha excitado, lo reconozco, y ha hecho que recuerde sensaciones olvidadas, siempre relacionadas con esa sonrisa deslumbrante y única, con la claridad de tu mirada y la sensualidad de tu cuerpo. Seducías con tu vitalidad poderosa y con la alegría que contagiabas. También a mí. No puedo permitir que todo vaya a quebrarse en mi vida por esta llamada, Patri. No sé lo que tramas. No sé precisar si estos últimos años han sido una ruptura en nuestra relación o pretendes ahora que solo sea un paréntesis. Tu llamada ha perturbado mi estado de ánimo. Me preocupa no controlar mis emociones y resulta difícil, después de tanto tiempo, verte de nuevo. Y que tú me recuerdes de otra manera. 

Llevo horas pensando en nuestro distanciamiento. Sintiendo que en nuestra ruptura se instaló una extraña placidez. Recordar por qué vivíamos entonces ha hecho que comprenda cómo pude soportar nuestro alejamiento. Vivíamos por los hermosos proyectos que nos unieron y  porque nuestro amor fue muy sincero. 

Estoy tratando de justificar mi vida, mis decisiones y mi trayectoria, todo producido por esa llamada. Me desconciertan mis pensamientos. Una de las frases preferidas de la filósofa Hannah Arendt y que apliqué en muchos instantes de mi vida, «Párate y piensa», en este momento no me sirve; prefiero no escuchar mis pensamientos y hablarte a ti. Siento inquietud por este reencuentro. ¿Miedo?, ¿a mis años?... Puede. Debe ser por la mochila que llevamos todos en las espaldas y que cada vez  nos pesa más.

He terminado mis clases y no me apetece ir a casa. En los últimos meses busco la soledad y esa soledad temo que pueda desembocar en aislamiento. Creo que es un problema de excesivo trabajo con demasiado silencio a mi alrededor. Camino hacia mi casa, hace una ligera brisa primaveral, típica de la estación. Escucho unos acordes de música. Parecen ensayos de sonido, seguramente alguien prepara un próximo espectáculo. Cómo nos apasionaban los conciertos al aire libre. Con frecuencia acudíamos a los que hacían en Viveros las noches de verano, siempre juntas. 

Al recordar cómo nos gustaba asistir a conciertos y el gran gozo que sigue siendo para mí la música, pienso si a ti te sucederá lo mismo. No conozco tus gustos ni tus aficiones actuales, ni tus manías, ni siquiera si tienes nuevas amistades o pareja. El recuerdo me arrastra al pasado con fuerza, creía haberlo superado, pero constato que no. Quisiera llevarte algún obsequio, un hermoso y simbólico regalo de cumpleaños, una música especial. Pero ¿qué es especial ahora para ti? 

Llego a la urbanización perfectamente gracias a tus indicaciones y, como esperaba, resulta ser un magnífico conjunto de viviendas unifamiliares rodeadas de jardín con un ambiente tranquilo, al menos a estas horas de la tarde. El azul se intensifica detrás de unas nubes con pinceladas doradas por los últimos rayos de sol. Las construcciones son de dos alturas y en los grandes ventanales se refleja ese mismo sol en claro retroceso. Al traspasar la puerta de la vivienda, me sorprende una mujer atractiva que hoy cumple cincuenta años. Conserva la misma sonrisa, aunque menos fascinante y quizás más sosegada. Con aquella misma expresión risueña, me indica que pase al interior, donde un grupo de personas hablan animadamente. Siento el corazón inquieto, pero controlo mis emociones cuando me presenta a sus amigos. Un escultor de mediana edad, una pareja muy sofisticada de franceses que regentan una galería en París, una joven pelirroja, escritora, me dice. Y algunos más que no detalla, pero todos muy correctos y amables conmigo. Me presenta como una vieja amiga, compañera de estudios. Todos llevan una copa en su mano mientas conversan en pequeños grupos. Se escucha música suave. Patricia me da una copa de cava mientras me empuja ligeramente hacia uno de los ángulos del salón algo más despejado y en penumbra. Aun así, observo sus ojos vidriosos cuando me da un fuerte abrazo.

–Tenía muchas ganas de verte, Elvira. No tienes idea lo que te he recordado durante estos años. Necesité tu sentido común demasiadas veces, y un hombro para reclinar mi cabeza muchas más. También compartir mis risas contigo. Aunque ya no me río tanto, ¿sabes? He sentado cabeza con eso de hacerme mayor.

–Estoy aquí, Patri. Sinceramente, tu llamada me desconcertó, pero estoy feliz de haber venido y también de verte. Tendremos tiempo para poder hablar y recuperar estos años en los que yo también he sentido tu ausencia. Te he traído música en tu cumpleaños para que las dos la escuchemos juntas. Como antes.

Le doy mi pequeño paquete con el CD y le pido, si es posible, que lo ponga cuando finalice la música que suena ahora y que lea la contraportada. Cuando puedas, le digo.

Patricia introduce el disco en el reproductor y observo que se aleja hacia una zona donde todavía quedan resquicios de sol. El disco empieza a sonar y poco a poco, su música ocupa el espacio que antes llenaban las voces. Patricia, se coloca unas gafas para leer el texto de la contraportada del disco: 

“Esta música que escuchas está inspirada en una obra de Cesare Pavese, que parece ser el espejo de mi música. Se llama "La luna y las fogatas". Esta novela muestra la necesidad de salir de la ciudad natal para luego regresar buscando los recuerdos de la niñez. Por un lado buscar cosas nuevas y por otro volver a tus raíces. La he compuesto como un regalo a Pavese”. Roberto Olzer. Trío The moon and the Bonfires. Editado en Japón

Levanta su mirada y sonriendo, la pierde en mí. Le devuelvo la sonrisa, que mantengo unos instantes y, en ese encuentro, nos reconocemos cómplices.