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Libros de autor

NOTICIAS

ediciones contrabando
Col.  Marte nº 3. 3ª edición
21 x 14 cm; 116 páginas
Rústica cosido con solapas
ISBN: 978-84-122452-1-9
DL: V-329-2021
PVP: 15 euros

Portada Travesía (3ª edición)
Travesía (3ª edición)
Lola Andrés. Ilutraciones Pere Salinas

Esta tercera edición de Travesía sí es un ente mutante. Hay un nuevo libro. Los poemas de Lola Andrés se funden con las pinturas de Pere Salinas. El resultado es una plasticidad en suspensión: el lector se detiene, mira y oye la diminuta vida que se agazapa en los huecos. Esta coautoría alienta el fragor oculto de la palabra. Las pinturas de Pere Salinas actúan como bocas entrañadas en el escalofrío, en la soledad, en el miedo o en el amor. Esta travesía conjunta resucita una lectura primitiva: se gesta un lenguaje que asume la simbología de nuestro origen. 

Leer Prólogo

 

Lola Andrés (Valencia, 1961). Licenciada en filología. Tiene publicados los siguientes libros de poemas: Moléculas y astros (2002), Jocs de llum (2006), Materia (2007), Cielo líquido (2015), Travesía (2016); y las plaquettes Pendiente del aire, junto a Eva Hiernaux (2016); Poemes, junto a las pintoras Encarna Sepúlveda y Carolina Ferrer en la exposición “Angles del buit” (2016), Brecha, con pinturas y edición de Gabriel Viñals (2017) y Ho(yo) de hueso (2018).

Ha traducido al castellano a poetas como Joan Navarro o Teresa Pascual. También ha traducido al catalán, junto a Anacleto Ferrer, la poesía de Hannah Arendt.

Poemas suyos han aparecido en diferentes publicaciones nacionales e internacionales.

Ha formado parte de proyectos interdisciplinarios – poesía, música, danza y pintura. 

  

Pere Salinas (Barcelona, 1957). Pintor. Ha expuesto en diversas galerías de Alemania, Austria, España, Finlandia, Holanda, Israel y Suiza. Su obra se ha podido contemplar también en les ferias internacionales de arte como ARCO-Madrid,
Art-Frankfurt, Lineart-Gante, Art-Innsbruck y Kunstmark Dresden.

Ha publicado junto al poeta Joan Navarro, tres libros donde poesía y pintura se enlazan: Atlas, Grafies·Incisions y O: Llibre d’hores.


 



 

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Nota a la tercera edición 

Concebí este libro como el devenir de un quiróptero en una era convulsa, la era de los murciélagos blancos. Intuyo que me interesó más el transcurso que el curso. La línea que el tiempo construía —no sé hacia qué dirección ni con qué intencionalidad— interpelaba, en este caso, al sonido y al cuarteado recuerdo del animal. El gran desgarro no fue la decepción, sino el ruido. Su sensibilidad perceptiva iba guardándose de/en las imágenes, que como espejos cuarteados deformaron su instinto de supervivencia. El lenguaje construyó un trayecto que, mediante convulsiones sonoras, acabó siendo una especie de epopeya aunque de aliento discursivo elegíaco, asumido como una suerte de paradoja: diminutas y reiteradas respiraciones de un cuerpo nimio que absorbe, sin embargo, la anchura de un ser excepcional —la excepcionalidad de cada ente—, cuya frecuencia se apelmazaba en un doloroso canto por la muerte de sus hermanos

      La primera edición se presentó con más de una voz —siempre tuvo el libro, al parecer, una entretela bulliciosa congénita—. La artista Ramona Rodríguez construyó una pieza visual y acústica que asumía la corporeidad —también el vaciado y la transformación— del lenguaje poético. Esta hermosa creación sigue palpitando junto a los versos; le otorga la dimensión sonora que fragmenta, que rompe, al tiempo que hila un itinerario con la imagen y la voz duplicada. Se oye el tiempo y se oye en él la palabra. Una coautoría no impresa, sí imprescindible.

    En esta nueva edición, el pintor Pere Salinas entra, con 19 pinturas, en la respiración que los poetas dejaron abierta para él. Hay otra trenza, ahora, de sonido, escritura e imagen; el fragor y la luz —también sus sombras— pasean junto a la (in)justeza de la palabra sola. Esta feliz e inagotable plasticidad rehace el libro. Sus imágenes arman un a travesía que se sostiene en vuelo con cada trazo, capaz de emitir un ritmo cuya velocidad o lentitud impregna y recoloca la voz primitiva. Podemos ver cómo el murciélago supura regueros de soledad, cómo observa la ignorancia, cómo se hunde la muerte en sus diminutos huesos y cómo captura para sí un agujero baldío desde donde espera poder oír su extraño y regular hálito: si alguna vez hubo un viaje, si avanzar no significa perpetrar en el tiempo un adelanto, estas pinceladas del ser, cuya obstrucción se atiene a un solitario padecimiento, muestran cómo el viento estragado se detiene en su pequeñez agazapada.

    ¿Leer las pinturas, ver las palabras? Este todo “deifica” la tersura del lenguaje. Humedece su forma y, aún más si cabe, moldea otros referentes. Ese mestizo habitante de nuestro adentro nada sabe de bloques o renuncias, sino que recompone un útero, joven y nervioso, en el que va creciendo un nuevo ente. Cada pintura suelda una pequeña masa de milagro al todo.

   Cuando vi —y toqué— las pinturas, se transformaron los poemas; comprendí —no sé bien si comprender es el término adecuado— que el proceso y la suspensión son bienes preciados para aquellos que intentamos emprender un trasiego de gestación comunicativa.

   Otro ser —y del mismo— palpita en esta Travesía.

   Las pinturas de Pere Salinas son, con mi infinita gratitud, una nueva fuente de sentido, una cadencia plástica que sostiene, recostada junto a los versos, la resurrección de aquello que fue escrito. 

Lola Andrés

Julio de 2020