Libros de autor

NOTICIAS

 


ediciones contrabando
colección Marte nº 7
21 x 13 cm; 88 páginas
Rústica fresado con solapas
ISBN: 978-84-947776-8-4
DL: V-2474-2018
PVP: 12 euros

Portada Desdecir
Desdecir
Eva Hiernaux

«¿qué es la poesía / y quién la dice / O / ¿quién es la poesía / y qué la dice?» son los primeros versos que leemos en Desdecir. La respuesta a la pregunta de este poema inicial, suelto, preparatorio, es un canto. Y así es, en efecto, como la poesía de Eva Hiernaux se entrega: es una dilución cantada. Esta feliz armonía, este monográfico poético del decir, del eco, de la escucha, del ruido, del verbo, del sonido, no aspira a ovillarse en el entendimiento y supurar reflexiones sino a cantar(nos) ese mantra-fluido interno que se desliza por estos versos como un aguacero. José Ángel Valente se hace eco de esta inmanencia cuando escribe en el poema titulado “Un canto”: «Quisiera un canto / que hiciera estallar en cien palabras ciegas /  la palabra intocable». Oír ese brío que, despacio, acelera y llama –enciende– al lector. 

Las composiciones breves son una constante en la obra de Eva Hiernaux. En ocasiones, pinceladas desabastecidas sobre un lienzo en blanco. Insinuaciones, si no fuera porque lo esencial alumbra, es un foco deslumbrante –un abismo sumido en la claridad. Cualquier ornamento induciría a un ruido que la poeta parece querer acallar: el silencio fluctúa entre un sonido irremediable y la posibilidad del no decir: «Calla. / Ya hablarán tus huesos / si hubieran de hacerlo

LOLA ANDRÉS

Leer Prólogo de Lola Andrés


Eva Hiernaux (Madrid). Artista multidisciplinar.
Licenciada en Bellas Artes, especialidades de Grabado y de Pintura, Madrid.
Desde 1986, año en el que hace su primera exposición, realiza más de 30 exposiciones individuales y participa en más de 100 colectivas.
En 2001 funda Ediciones El Torpe al Timón, con un fondo de cerca de cuarenta títulos en la actualidad, entre poesía discursiva, poesía visual y libros de artista.
Del 2002 al 2008 formó parte del colectivo YEA (Yolanda Pérez Herreras, Eva Hiernaux, Almudena Mora), que cada mes organizaba “Ven y vino”, jornadas de poesía y acción, en el Taller-galería El Mono de la Tinta, en Madrid.
Desde el año 2008 forma parte de la Asociación Tres en Suma Arte Contemporáneo, en la que coordina y participa en las más de 30 exposiciones y en los 21 números de la publicación de edición limitada realizados hasta la fecha.


 



 

Cerrar

Tapiar el silencio: tres apuntes sobre Desdecir, de Eva Hiernaux.

(sobre decir) 

La palabra: ese cuerpo hacia todo.
La palabra: esos ojos abiertos.
 R. Juarroz                                                                 

Si la palabra es un hecho, su materialidad o su textura se revelan en un entramado físico, escritura, y en su sonido, fugaz e inaprensible. Sin embargo, cabe descender a la voz oculta, la que no dice, aquella que se escucha en el “adentro”. Paul Celan entregó en un verso «dos bocanadas de silencio» y en otro verso aquel «a cada uno su palabra» –sabía de esta oportunidad única del vocablo que se vacía hacia su propia complejidad.

Si esta tercera opción, la voz sin sonido, es la poesía; si urde la trama en su latido interno y se nos ofrece como un zumbido; si no hay otra para asignar ese silencio que se extiende escrito –esa “agua ensimismada” a la que aludía María Zambrano–, entonces nuestra situación es delicada: tal vez la palabra exista como mera contemplación de un signo disparejo, un chorro fracturado de nuestra voz balbuciente que intenta desasirse de su ruido y crear ese entramado audaz e insensato de aquello que murmura una vida. «Que cada palabra lleve lo que dice / Que sea como el temblor que la sostiene / Que se mantenga como un latido», dirá Rafael Cadenas. La poesía no otorga más amparo que este poder libar su corriente interna. Y estremecerse, por tanto, ante su generosa potencia.

En su conjunto, Desdecir da círculos sobre aquello que significa nombrar; la palabra en la poesía –y, por extensión, en la vida– será esa adherencia matizada en la respiración, cuya función se extralimita o se expande alrededor de la voluntad –la voluntad de decir– y de sus efectos –no siempre somos conocedores de lo que ocurre ante lo dicho o lo no dicho: «la cita con el habla / queda descosida del entendimiento», nos dice Eva Hiernaux.

(canto)

  Poesiya
  Poecía
  Pohesía 
  R.Dalton                                                                                 

«¿qué es la poesía / y quién la dice / O / ¿quién es la poesía / y qué la dice?» son los primeros versos que leemos en Desdecir. La respuesta a la pregunta de este poema inicial, suelto, preparatorio, es un canto. Y así es, en efecto, como la poesía de Eva Hiernaux se entrega: es una dilución cantada. Esta feliz armonía, este monográfico poético del decir, del eco, de la escucha, del ruido, del verbo, del sonido, no aspira a ovillarse en el entendimiento y supurar reflexiones sino a cantar(nos) ese mantra-fluido interno que se desliza por estos versos como un aguacero. José Ángel Valente se hace eco de esta inmanencia cuando escribe en el poema titulado “Un canto”: «Quisiera un canto / que hiciera estallar en cien palabras ciegas /  la palabra intocable». Oír ese brío que, despacio, acelera y llama –enciende– al lector.

Desdecir se dilata estructurado en tres partes: “Nombrar desde lo casi nombrado”, “Lo difícil es nombrar” y “Desdecir (despedida y cierre)”. La primera de ellas acoge, junto a la tutela de citas acertadísimas con que cada poema comienza, un largo río –los poemas de Eva Hiernaux son delgados en forma, casi un arañazo– que arrastra, diría su autora, una plegaria: ¿cómo nombrar la incertidumbre, la duda o el temblor de un eco? Hay alguna posibilidad de entrever que el solo hecho de intentar dar luz –aunque sea tímida–a este rumor, y nombrarlo, ya constituya el afán poético. En ocasiones el extravío es el hallazgo.

La segunda de las partes, sin citas, abunda en el hecho de la escritura. Aquí el ruego se vuelve casi grito. Y la ceniza –«yo hablo en cenizas»– es el pliego arrasado del lenguaje. «Otros preferimos el tiempo del silencio», nos dice la poeta o «como si pudiéramos como si pudiésemos / como si tuviéramos una oración vertebrada entre nuestros dientes».

¿Cómo podríamos –parece decirnos Eva Hiernaux– resquebrajar esta palabra sin retorno, desahuciada, esta palabra del hueso?

El único poema que conforma la tercera parte ofrece saciar esta sed en clara alusión al otro como necesaria ausencia del yo y, al tiempo, en un juego de antítesis feroz, no poder saciarla nunca.

 (brevedad)

canción corta, canción corta;
muchas, muchas;
  J.R.J.                                                                                     

Las composiciones breves son una constante en la obra de Eva Hiernaux. En ocasiones, pinceladas desabastecidas sobre un lienzo en blanco. Insinuaciones, si no fuera porque lo esencial alumbra, es un foco deslumbrante –un abismo sumido en la claridad. Cualquier ornamento induciría a un ruido que la poeta parece querer acallar: el silencio fluctúa entre un sonido irremediable y la posibilidad del no decir: «Calla. / Ya hablarán tus huesos / si hubieran de hacerlo.»

Esta habilidad para seleccionar las palabras indispensables y reajustar en tan poco espacio toda la vastedad que entraña la conciencia, va unida, en este caso, a la humildad –esa fragancia extraordinaria que, aunque a menudo oculta, detona en silencio toda la sabiduría del ser. Machado diría «y la ola humilde a nuestros labios vino / de unas pocas palabras verdaderas». Eva Hiernaux, su escritura, rezuma humildad. Sus versos se desentienden de cualquier impostura y, como si a nada hubieran apelado, allí, sumergido, está el fragor estridente de una convulsión:  «Creo en la espina / pero es el pétalo / el que susurra a mi oído

Atisbos de verdad –si algo así puede decirse–, poesía desnuda cuya carne descarna la incertidumbre y versos (en)cantados y tersos. Un bien que, una vez regresamos de estos poemas, nos habita con su vulnerable honestidad.  

  Lola Andrés