Libros de autor

NOTICIAS

 


ediciones contrabando
colección Marte nº 6
21 x 13 cm; 60 páginas
Rústica fresado con solapas
ISBN: 978-84-947776-4-6
DL: V-655-2018
PVP: 12 euros

Portada Cabos sueltos
Cabos sueltos
Rafael Camarasa

Rafael Camarasa rompe las cadenas de palabras para construir el lenguaje poético, para reconstruir la palabra fecunda. Y aquí encontramos, además, otro de sus grandes recursos, el uso impecable de la paradoja, arte que Rafa domina como nadie.

Tenemos ante nosotros, tenéis ante vuestros ojos, la revisión de un poemario aparecido en 2003. Dicho de otro modo, Rafa ha viajado a un pasado reciente y vuelve con una colección de poemas que ha merecido su aprobación con unos cuantos ajustes, que mejoran, sin duda, el resultado. Ha añadido alguno nuevo, ha hecho ligeros retoques en bastantes, muchos de ellos los ha desencabalgado, y ha descartado los menos. Todo ello forma un conjunto brillante y coherente, en el que prima la expresión de la cotidianeidad y de los sentimientos y cosas comunes pasados por el filtro de un lirismo muy personal.

FRANCISCO FERNÁNDEZ MENESES

Leer poemas

 

Rafael Camarasa (Valencia, 1963)

Ha publicado, entre otros, los libros de poesía: Cromos, Premio Creación poética Paiporta (Editorial Denes, Valencia, 2007) y El sitio justo, Premio Internacional Palabra Ibérica (Colección Palabra Ibérica, Punta Umbría, Huelva, 2008), con traducción al portugués. Sus poemas han aparecido en revistas como “Litoral” y “Barcarola”, así como en diversas antologías.

En narrativa ha publicado los libros de relatos Feos, Premio Otoño Villa de Chiva de Narrativa Breve (Editorial Denes, Valencia, 2009) y Lo normal (Ediciones Contrabando, Valencia, 2017). 

Además del presente poemario, que es una reescritura del original que se publicó en 2003 y al que se han añadido poemas nuevos, este mismo año aparecerá el libro Sin noticias de Liliput, ganador del XXXII Premio Internacional de poesía Barcarola.


Reseñas

 



 

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CABOS SUELTOS

 

No quiero carreteras rectas que anticipen en la distancia

el destino que se aproxima,

por maravilloso que sea.

Por eso cuando los niños piden a sus ángeles protectores

que guarden bajo las alas

el mundo que hay en sus cuartos,

yo rezo para que mañana haya curvas en el camino.

 

Ni grandilocuentes ni oscuras;

ni sublimes ni tortuosas.

 

Simples curvas que me acojan en la emoción de esas elipses

que ocultan con su trazado

el paisaje posterior.

 

Acaso la línea recta que habré olvidado en el giro.

 

Quién sabe si nuevas curvas con imprevistos virajes,

como flores desconocidas

—espinadas pero hermosas—,

que tomar con el corazón en dulce incertidumbre.

 

 

SEPTIEMBRE

 

La última vez que lo vi me contó que odiaba su trabajo

y en sus nobles ojos azules

se vislumbraba la fatiga. “Llega el fin del verano —me dijo—,

ya van acortando los días”.

 

Pocas semanas después una voz me anunciaba su muerte,

sollozando desconsolada

al otro lado del teléfono. Entonces reparé en los signos

a los que no dimos importancia.

La desilusión y sus ojeras, sus casuales palabras.

La tenue luz del sol que entraba en aquella estancia

y auguraba el fin de algo

que nosotros creímos septiembre.

 

Señales que quizá imaginé

y descifré un momento tarde: el tiempo exacto que distingue

a los hombres de los dioses.