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Libros de Autor
Textos y fotografías
19 x 23 cm. 114 págs.
ISBN: 978-84-944964-5-5
DL: V-962-2016
PVP: 15 euros

 

Portada Impredecible niebla
Impredecible niebla
Bruno Belloch (textos) y Yolanda Carrascosa (fotografías)

Los relatos, poemas y fotografías de Impredecible Niebla no postulan nada. Dios lleva mucho tiempo muerto, y la transmigración de su alma parece haberle llevado muy lejos de aquí. La ironía devora el sistema y su entorno, y el antiguo melodrama ha conseguido convertirse en otra muestra del mejor sarcasmo. Hay en el libro remordimiento, tiranía y soledad, aunque los ultracuerpos que protagonizan la segunda parte del libro nos recuerdan que la vida no sería nada sin ellos. Y sin amor, deseo, ambición, fe.

“Hace ya un tiempo que me junto con ella en la casa en ruinas. A la vivienda, donde decía padre que hubo un cine de sesión doble y unos gitanos montaban cada Navidad el tren de la bruja, vino ayer un chucho marrón con botas blancas y el hocico casi plano, ni ladraba, sofocado y con los ojos pelados y las pupilas así, dilatadas. El perro se plantó allí y empezó a husmearnos, y ella –que siempre viste prendas de otro tiempo-, calló hasta que dijo: quién es dueño de lo que decimos.”

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Bruno Belloch - Yolanda Carrascosa

Este es el segundo libro de Bruno belloch, vinculado al mundo del arte desde la performance. Yolanda Carrascosa ha trabajado como reportera gráfica y en la intervención artística, tanto en vídeo como en fotografía.

 


 



 

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Enemistados con simbolismos y utopías, con melodías cálidas y bondadosos fantasmas, con discursos, poderes y conocimientos, la niebla de nuestros días nos sitúa a medio camino entre la peluquería y el circo, entre el anuncio del detergente que más limpia y los presagios del fin del mundo. Niebla impredecible no pos-tula nada; Dios lleva mucho tiempo muerto, y la transmigración de su alma parece haberle llevado muy lejos de aquí. Las miradas del mundo se dirigen ahora a la oscuridad y su desplegable de múltiples realidades de as-pectos obsesivos, esquizoides. La ciencia ficción nos previno. Habrá nieblas e increíbles hombres menguantes. La ironía devora el sistema y su entorno, y el antiguo melodrama ha conseguido convertirse en otra muestra del mejor sarcasmo. Y está bien que así sea. Los personajes de este libro remedan su sed de absoluto con cola transgénica y ginebra. Con ellos, la ambivalencia continúa su viaje en ambulancia. Bebamos; pues, como dijo Wittgenstein, las proposiciones vacías de significado son indecibles. Ludwig era un místico, y nos hizo entender que no era posible ajustarse la peluca de cerdas y afeitarse cejas y orejas en tiempos de paz. Ah, la mediocridad. Por fin, toda y de todos (antes, había que merecerla): carencia que es remanso de paz y alegría. E insignificancia que no perdura. El tiempo es huida y utopía, pero también lutos imposibles más ruinas sin historia. Y si no, al tiempo. Que es Dios, mal disfrazado y más que muerto. El recuerdo del tiempo que no fue es la memoria tirana de estos personajes de clima adverso y camino de tierra, senda que ellos recorren hacia la peluquería y el ce-menterio. Una memoria que les adentra en una bola de cristal nevada, el anuncio de un final donde la oscuridad recita su doctrina. Ya no somos más que mulatos sin parroquia. ¡Mulatos, riamos!