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ediciones contrabando
colección Marte nº 2
21 x 13 cm; 106 páginas
ISBN: 978-84-944964-0-0
DL: V-207-2016
Cód. BRIC: DCF
PVP: 12 euros

Portada El nombre de las novias
El nombre de las novias
Albert Garcia Hernàndez

Este poemario de Albert Garcia -el décimo que publica- no ha de confundirse con la clásica "Ars Amatoria" de la tradición canónica. Aquí ni se dilucida la naturaleza del hecho amoroso ni se nos regala un catálogo prolijo de sus modalidades y vicisitudes. Y, sin embargo, el lector no puede dejar de descubrir que aquí, en estos versos, hay una sabiduría y una luz sobre la experiencia viva del encuentro y desencuentro amoroso, y sus abruptos meandros, que no debería echar en saco roto.

El poeta es un amante triunfal y desdichado. Su búsqueda, como la de Sísifo, es una aventura interminable. El placer y la desdicha están juntos sobre la mesa de disección. El recuerdo no invalida que aún estamos vivos.

"Las novias" de Albert no visten todas igual. Ni son todas de carne y hueso. Hay plazas, hay parques, hay ciudades y jardines, hay paises. Hay hijos. Y hasta asoma la Parca. Pero solo una de ellas es incuestionable y permanente: el inconformismo, la rebeldía. La revuelta.

Manuel Turégano

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Albert García Hernàndez (Ciudad de Valencia, 1949). Autor de canciones desde el año 1962 (Marina Rossell, Lluís Miquel i els 4Z, Mamen, Trullars, Quarantamaula...). Letrista y adaptador habitual de Maria del Mar Bonet desde el año 1987 leer más

 

 

 

 


 



 

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LA VIÑA DE MAIORGA

 

Extraordinario es que una guerra acabe.

Las guerras son la puerta mal entornada 

por donde entran y salen los únicos fantasmas verdaderos.

Entran.

Salen.

Ese continuo tránsito se burla del tiempo

y, como maldición de plagas, se pasea 

entre los hijos y los hijos de, y los hijos.

Entran.

Salen.

Escupen sus metáforas sobre el papel aburrido,

el papel mentiroso, 

el pergamino y su reverso, escritos ambos 

con la culpa, que no ha de ser leída de igual modo.

De entrar y salir estamos todos llenos.

Todos.

Y en lo particular, cada uno a su modo.

Gallegos por todo el mundo,

gallegos que no volvieron,

mujeres que los suplieron esperando ¿qué?

Esperando, más tiempo que Penélope con su vigilante Argos

y ni siqueira un Ulises de retorno deteriorado por los equívocos.

Mujeres mirando la tierra con odio y con realismo

mientras su apellido se hiende en un surco.

 

Tierra misericorde con los que se quedaron,

inocente cíclica, mantón de los muertos.

Qué perseverancia sobre la devastación humana que llaman 

efectos climáticos.

Más que Penélope, siguen pensando que un día

será el día de los "vuelvo".

 

Así, como en esta viña en letargo 

que una hija de los padres de, de los padres de,

mira su vientre cóncavo y decide llenarlo.

Hay guerras que acaban.

También abandonos.

Ese intento de teatro griego, escalonado, que resistió los torrentes y la erosión,

que se coronó de viñedos huérfanos,

que pesca su río adjunto con el anzuelo de su semicírculo,

hizo lo mejor: sostener la hermosura en su soledad

aun en los malos tiempos.

Su único maquillaje, todo el mundo es coqueto,

se extiende rojizo en cada otoño. 

Una manera de retener al amante de una noche de verano

y dejarlo absorto todo el invierno.

 

Entran y salen, sí,

pero la raíz irredenta señala el sitio.