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ediciones contrabando
Narrativa 6
13 x 21 cm; 120 páginas
Rústica cosido con solapas
ISBN: 978-84-943103-0-0
DL: V-47-2015
PVP: 12 euros (+gastos de envío)

Portada Arrepentimientos, incisiones, pigmentos e incógnitas
Arrepentimientos, incisiones, pigmentos e incógnitas
Joaquín Mª. Azagra Caro

Los cinco relatos que integran este libro dibujan un mundo narrativo totalmente singular. Al principio, y sólo por convención, el lector tiene la impresión de caminar por la senda tranquila de un realismo reconocible. Pero, poco a poco, ese suelo familiar comienza a mostrarse extrañamente rugoso o sencillamente inexistente. Pequeños detalles nos van empujando al interior de extrañas obsesiones, neurosis inquietantes o destellos de locura o sinrazón. Y una vez dentro de ese universo todo es posible. Incluso que el narrador intente conducirnos hasta el núcleo mismo de la creación artística y literaria. Un misterio que aquí recibe la luz sesgada de una ficción pura y atormentada.

El libro cuenta con un prólogo del escritor Vicente Muñoz Puelles. La ilustración de la cubierta es del pintor Miguel García Cano.

Leer Prólogo

 

Joaquín María Azagra Caro nace en 1974 en Valencia. Doctor en Economía, ejerce como científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Publica regularmente en revistas académicas sobre Estudios de Innovación. Desarrolla paralelamente producción literaria y audiovisual. distintos festivales. Leer más

 

  

 

 

 

 


 



 

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Prólogo

Vicente Muñoz Puelles

No conozco personalmente a Joaquín Mª Azagra Caro, pero he leído este libro, que acaso se parezca a él. (Es muy difícil escribir algo que no se parece a uno. Cuando se hace, es decir, cuando uno imposta la voz del narrador o no siente lo que escribe, porque le resulta completamente ajeno, pueden sucederle dos cosas: o acaba pareciéndose al texto, y entonces este era una suerte de premonición, o los rasgos de su rostro se desdibujan y se vuelven borrosos, como los de un fantasma, hasta que se desvanecen del todo. Esto último se ve con claridad en esas fotografías en las que un grupo de escritores posa estudiadamente ante la cámara. Siempre hay algunos, los más insinceros consigo mismos, que quedan desenfocados, incluso si se encuentran en primera fila. Otro tanto le sucede a Robin Williams en la película de Woody Allen Deconstruyendo a Harry, donde encarna a un actor que un día, de buenas a primeras, queda fuera de foco sin motivo aparente. Imposibilitado de actuar, abandona el rodaje, pero la anomalía permanece y se convierte en un caso clínico, que desconcierta a los médicos. Hasta su familia ha de llevar gafas, para poder verlo con nitidez.)

En Arrepentimientos, incisiones, pigmentos e incógnitas, el peligro de quedar desenfocado no lo corre Ximo Azagra, sino sus lectores, que pronto tendrán que barajar varios niveles de realidad. Uno empieza a leer el primer cuento, "El último óleo sobre lienzo de M.", convencido, más que nada por convención, de su carácter realista, y a los pocos segundos de zambullirse en una historia en la que el narrador descubre el cadáver de un ahorcado, que cuelga de una viga y que se balancea «como un péndulo», según él mismo dice, se encuentra con que esa es la respuesta: «Como un péndulo», que el muerto le da al narrador, ocho años antes, en otro contexto: Se trata de una manera de montar las escenas que parece más cinematográfica que literaria, y que se continúa con el hallazgo casi surrealista de un cuadro al óleo en una cueva de Colliure. 

Así, de sorpresa en sorpresa, en una danza literaria que abarca cinco cuentos, en los que las situaciones más enrevesadas e insólitas se cuentan con toda naturalidad y sin sobresaltos, el autor da cuenta de la importancia de ciertos objetos más o menos inverosímiles: en "El último óleo sobre lienzo de M.", el último cuadro de un pionero del fauvismo; en "y = a – x", una alfombrilla de baño con ventosas, que parece dotada de vida propia; en "Gracias a mí", una serie de cuadros cuya calidad aumenta en relación con el sufrimiento que experimenta su autora; en "y = x2", unos diarios personales que se metamorfosean a medida que son leídos; en "Así está bien", una goma de borrar que al ser utilizada cambia la esencia de los dibujos que borra. En resumen, tres cuentos sobre cuadros, otro sobre una alfombrilla y otro sobre unos diarios, los cinco escritos en primera persona.

Podrían ser los relatos de un falso neurótico, como otros tantos que pueblan la literatura. A mí me hacen pensar más bien en lo que contaba Franz Kafka en uno de sus diarios: «Cuando caminaba por las afueras me fijé en un hombre que saludaba jovialmente a una pareja, acostada en la hierba en torno a un mantel desplegado. “¿Qué hacéis?”, les preguntó, acercándose. “Estamos merendando”, respondió la mujer. En aquel instante me maravilló el vigor con que algunas personas se adaptan a la vida».

Temo haber dado una impresión desenfocada de estos cuentos, que gracias a la aparente sencillez de su estilo pueden leerse como fragmentos de corte surrealista pero también de una manera mucho más desenfadada, como historias curiosas y divertidas, vagamente inquietantes, sobre las relaciones entre personas y cosas.

En uno de sus muchos textos sobre Kafka, que en realidad son variaciones de un único texto, J. L. Borges escribe:

«No olvidaré mi primera lectura de Kafka en cierta publicación profesionalmente moderna de 1917. Sus redactores –que no siempre carecían de talento– se habían consagrado a inventar la falta de puntuación, la falta de mayúsculas, la falta de rimas, la alarmante simulación de metáforas, el abuso de palabras compuestas y otras tareas propias de aquella juventud y acaso de todas las juventudes. Entre tanto estrépito impreso, un apólogo que llevaba la firma de Franz Kafka me pareció, a pesar de mi docilidad de joven lector, inexplicablemente insípido. Al cabo de los años me atrevo a confesar mi imperdonable insensibilidad literaria: pasé frente a la revelación y no me di cuenta.» 

Ojalá que a nadie le suceda lo mismo con este libro, que merece más de una lectura.