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ediciones contrabando
poesía 5
22 x 15 cm; 132 págs.
Rústica fresado con solapas
ISBN: 978-84-942292-9-9
DL: V-2294-2014
PVP: 12 euros

 

Portada Tres días / Tres dies
Tres días / Tres dies
Albert Garcia Hernàndez

Albert Garcia prosigue su ciclo poético asumiendo un nuevo reto: el de "traducirse a sí mismo". Traducirse entre comillas, porque al ser un poeta en castellano y catalán, ¿cómo denominar a ese tránsito entre una y otra lengua hecho por uno mismo?

Tres días se escribió inicialmente en castellano. El libro reúne y condensa las impresiones vivas y palpitantes del poeta cuando, a partir del año 2005, deja Valencia y se marcha a vivir a Barcelona. A eso ahora se le llama "movilidad". Antes se hablaba de "exilio". El poeta abre los ojos a su nueva realidad (la de fuera, pero también la de dentro) y recorre con descreimiento y asombro una ciudad -conocida e ignorada- que cada minuto crea y destruye una nueva ilusión, que navega poderosa hacia una ruina que ignora, paisaje mutante sobre el que se dibuja un futuro incierto, que fotografían sin tasa y con sonrisa perenne los nuevos invasores.

Albert Garcia aceptó la propuesta de Contrabando de volcar al catalán este extraordinario poemario, que aquí se ofrece en versión íntegra en ambos idiomas.

"Si no fos que, ben probablement, l´autor, amb aquest seu gest de poeta serè, arrufaria el nas davant de la prescripció, hauria titulat aquesta mena de pròleg així, només: s´ha de llegir." (Núria Cadenes)

Leer Prólogo (castellano y catalán)

 

Albert García Hernàndez (Ciudad de Valencia, 1949). Autor de canciones desde el año 1962 (Marina Rossell, Lluís Miquel i els 4Z, Mamen, Trullars, Quarantamaula...). Letrista y adaptador habitual de Maria del Mar Bonet desde el año 1987 leer más

 

 

 

 


Reseñas

 



 

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Hay que leerlo
Núria Cadenes

Si no fuera porque el autor, muy probablemente, con ese gesto suyo de poeta sereno, lo torcería ante la prescripción, habría titulado esta especie de prólogo sólo así: hay que leerlo.

Porque esta ha sido la primera idea que me vino a la cabeza al acabar los tres días intensos que nos propone Albert Garcia: hay que esparcirlo, que se sepa, que corra, que se recite, que se cante, que se copie, lo que sea. Hay que leerlo. 

Ya sabemos que la literatura no salva al mundo, que no lo cambia la poesía, etc. Pero desde nuestra perspectiva humana, aceptados los límites y el campo de acción, también sabemos que nos lo puede hacer más bello, que nos puede dibujar interrogantes incitadores, que puede descubrirnos colores nuevos o poner el dedo en la llaga y dejarnos estupefactos. Vivos. 

Todo eso, y otras cosas, lo consiguen los versos trabajados (cincelados, dirías, incluso cuando no lo parece) y penetrantes de este libro.

El poeta pasea por las calles que conoce, y que nosotros quizá también hemos visto tantas veces, y nos muestra lo imprevisto, la maravilla, la suciedad. No se priva de nada. Acepta la contradicción y la modela a su gusto para convertirla en obra de arte. Quizá diga que se limita a describir: un letrero, pájaros, gente que hace su trabajo, trenes. Y le aceptaremos tal explicación. Sólo que, una vez pasada por la criba del verso, la vida sube un escalón, se convierte en otra cosa, nos aguijonea, nos incita a pensar, a sentir.

En poesía todo es susceptible de condensación: un letrero en un parque o en un retrete,  el hombre que vende rosas, "una bolsa de plástico, una mochila, un saco, un billete". Es la vida, que reclama nuestra atención y que recibe del poeta análisis lúcido, destilado de rebeldía.

No nos ofrece los sentimientos como papilla, como si los lectores fuéramos criaturas que aún necesitan ir en brazos. No hace papillas ni de los sentimientos ni de los hechos ni de nada. Y se agradece. Con un punto saludable de ironía, con franca sinceridad o mediante un juego osado del lenguaje (que sólo puede practicar quien lo domina con naturalidad), Albert Garcia espera que cada lector encuentre su camino en estos versos, que cada uno descubra en ellos lo que esconden, lo que brilla, lo que incluso se quiera inventar.

A veces con una ternura que te desmonta, otras veces con una bofetada de realidad, incluso con dolor (esos anzuelos dispuestos a recibir la carne), va trenzando los gestos cotidianos, los personajes que le salen al paso, los propios sentimientos, para confeccionar este fresco de la actualidad. Podríamos hablar incluso, más que de fresco, de viñetas. De collage. Hecho de imágenes y de gente, de olores, de carteles, de bichos, de noche. Con la ciudad de fondo, omnipresente y viva, latiendo todavía y a pesar de todo.

Y también con el amor. O sobre todo. Que se adueña de los versos cuando llega domingo y contempla la casa y la sospesa. Con humor y sin artificio. Son el amor y el desamor que han madurado y se conocen y se miran de hito en hito porque se saben el eco. Y se lo beben, cuando conviene. 

Hay que leerlo, sí. Más aún: llegados al último verso, permitirse una pausa, si así se desea. Pero después volver a él. Ya lo dijo un sabio en un aforismo: la única manera de leer es releer. De manera seria y sabrosa, podríamos añadir. 

 

S´ha de llegir
Núria Cadenes

Si no fos que, ben probablement, l´autor, amb aquest seu gest de poeta serè, arrufaria el nas davant de la prescripció, hauria titulat aquesta mena de pròleg així, només: s´ha de llegir.

Perquè aquesta és la idea primera que m´ha vingut al cap en acabar els tres jorns intensos que ens proposa Albert Garcia: cal escampar-ho, que se sàpiga, que corri, que es reciti, que es canti, que es copiï, el que sigui. S´ha de llegir. 

Prou que ho sabem, que la literatura no salva el món, que la poesia no el canvia, etcètera. Però des de la nostra humana mesura, acceptats els límits i el camp d´acció, també és cert que ens el pot fer més bell, que ens hi pot dibuixar interrogants incitadors, que pot descobrir-nos nous colors o posar el dit a la plaga i deixar-nos estupefactes. Vius.

Tot això, i algunes altres coses, ho aconsegueixen els versos treballats (cisellats, diries, fins i tot quan no ho sembla) i punyents d´aquest llibre.

El poeta passeja pels carrers que coneix, i que potser nosaltres també hem vist tantes vegades, i ens hi mostra l´imprevist, la meravella, la brutícia. No s´està de res. Accepta la contradicció i la modela al gust per fer-ne peça d´art. Potser dirà que es limita a descriure: un rètol, ocells, gent que fa la seva feina, trens. I li acceptarem l´explicació. Només que, un cop passada pel sedàs del vers, la vida puja un graó, es converteix en una altra cosa, ens burxa, ens esperona a pensar, a sentir.

Tot és susceptible de condensar-se en poesia: un rètol en un parc o en un vàter, l´home que ven roses, “una bossa de plàstic, una motxilla, un sac, un bitllet”. És la vida, que  ens reclama atenció i que rep del poeta anàlisi lúcida, destil·lat de rebel·lia.

No ens ofereix els sentiments fets pastetes, com si fóssim, els lectors, criatures que encara cal dur del bracet. Ni dels sentiments ni dels fets ni de res, no en fa pastetes. I s´agraeix. Amb un pic saludable d´ironia, amb franca sinceritat o amb un joc agosarat del llenguatge (que només pot practicar qui ja el domina amb naturalitat), Albert Garcia espera que cada lector trobi el seu camí en aquests versos, que cadascú hi descobreixi el que s´hi amaga, el que hi brilla, el que s´hi vulgui fins i tot inventar.

De vegades amb una tendresa abassegadora, de vegades amb una plantofada de realitat, fins i tot amb dolor (aquells hams preparats per a la carn) va trenant els gestos quotidians, els personatges que li surten al pas, els propis sentiments, per confegir aquest fresc de l´ara mateix. Més que d´un fresc, podríem parlar potser de vinyetes, fins i tot. De collage. Fet d´imatges i de gent, d´olors, de cartells, d´animalons, de nit. Amb la ciutat com a fons, omnipresent i viva, bategant encara i malgrat tot.

I amb l´amor, també. O sobretot. Que s´ensenyoreix dels versos quan arriba diumenge i es mira la casa i la sospesa. Amb humor i sense artifici. Són l´amor i el desamor que han madurat i es coneixen i es miren de fit a fit perquè se saben l´eco. I se´l beuen, quan convé.

S´ha de llegir, sí. I més encara: un cop arribats al darrer vers, permetre´s una pausa, si així es vol. Però després tornar-hi. Ja ho va dir un savi en aforisme: l´única manera seriosa de llegir és rellegir. Seriosa i saborosa, hi podríem afegir.