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ediciones contrabando
Poesía 2
14 x 20 cm; 90 páginas
Rústica fresado con solapas
ISBN: 978-84-940861-5-1
DL: V-2414-2013
PVP: 12 euros (+gastos de envío)

Portada El Sanatorio (en llamas)
El Sanatorio (en llamas)
Sergio Marín

"La poesía de Sergio Marín abre nuevos derroteros entre la más nueva y joven poesía de la lengua española: y se habrá de integrar con el paso del tiempo a la poesía que hoy, casi con exclusividad, impera en nuestra lengua, de modo que un día, al lado de Miguel Hernández, Aníbal Núñez o Jaime Gil de Biedma estará, inter alia, Sergio Marín desde esa otra poesía de la densidad”.

“Entre tanta poesía de la transparencia, una poesía asida a lo episódico y a un realismo de contornos unívocos y asequibles a la más rápida de las lecturas, aparece una poesía (otra) como la de Sergio Marín que, hurgando y ovillándose en el lenguaje, se enrosca, distiende, hace del verso espiral, y de la espiral madejas de luz y oscuridad, hilachas, verosimilitud y ficción que desde la ficción vuelve la realidad más resplandeciente."

José Kozer (Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2013)

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Sergio Marín Navarro (Valencia, 1971)  Natural de Valencia y adoptivo de Teruel, Aragón leer más

 

 

 

 

 


 



 

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una concesión descolgada de unos pasos honestos
encabalgando la flaccidez del bloque por donde
un ojo en flor escapa del celador de orificios litúrgicos.

Esto no es el banquillo de las amistades,
la concurrencia de espacios abiertos brega
por aprender la profesión nosotros;
nosotros, a la intemperie íntima,
buscándonos el pulso en el incisivo.

 

Pasillo  7

 

¿Quieres hablar?  ¿Quieres hablar?   Vamos a hablar.   ¿Queréis hablar? ¿Queréis hablar?

 

La abrazadera estrangulando el pulgar del aire. 
Golpe de crin al espíritu incompleto parido en el soplo de la aguja.

Aros y abrazaderas intoxicados por el éxtasis de un canto
furtivo, 
heterónimos y erupciones lactando en la polifonía  del
ojo, 
vaselina fraternal que llenara los orificios de palabras        
                                           jugando   el   juego   de   las
decapitaciones. 

Hablar hablar y hablar sin dejar de ser todavía tu visión en la sobremesa del reflejo.

Todo rezuma. 
Mira el árbol, háblame del subsuelo,
de la cutícula bajo presión entre tus divisiones,
parcelas de carne, adobo,
el antifaz de la carne.
La carne en su plataforma oscila,
el silencio de la carne oscila
como la soga del perro dobla el color de fondo,
no hay color
no hay  fondo
no hay carne
es la puesta en marcha de dos verbos
repartiéndose sus extremidades,
sus zapatos, sus sombreros,
reconquistándose,
reconciliándose con su olor
con el olor del hueso en la luz,
la luz provisional,
el hueso provisional que se bifurca,
deteniéndose;
detienen la memoria,
guardan la distancia de un jardín profundo,
conjeturan con la orilla donde comienzan;
subir, bajar,
el horizonte sufre de parálisis
de conjetura,
y ellos caen sobre nuestra noche
con tierra detrás de las orejas
como dos fuegos apagados,
se mezclan con la normalidad
que les tapia el sexo,
verticales hasta la hemorragia
derraman masa encefálica en nuestra lactancia,
se caen del código.  

¿Nacer, para qué?
estamos bien aquí,
hurgando la espera.