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ediciones contrabando
Textos y contextos 3
14 x 21 cm; 208 páginas
Rústica fresado con solapas
ISBN: 978-84-947120-8-1
DL: V-2620-2017
PVP: 14 euros (+gastos de envío)

Portada Conversaciones con Mario Levrero
Conversaciones con Mario Levrero
Pablo Silva Olazábal

Este libro, que en sus primeras ediciones (uruguaya, chilena, argentina) reunía ante todo las conversaciones mantenidas por correo electrónico por el periodista y escritor uruguayo Pablo Silva Olazábal con Mario Levrero, ha crecido hasta convertirse hoy (merced a la inclusión progresiva de dos artículos de Ignacio Echevarría y Álvaro Matus, de las dos últimas entrevistas concedidas por Levrero antes de su muerte en 2004 y de un singular anexo de Rarezas, con 2 poemas de Levrero, una pregunta a Onetti y una reflexión sobre los mecanismos de la creación) en un texto imprescindible para acercarse al universo literario del mago uruguayo.

Conversaciones con Mario Levrero no es sólo un texto para gozar con las opiniones, los gustos, los filias y fobias de un escritor realmente “excéntrico”, sino un verdadero manual para entender el concepto “levreriano”de literatura: su singular “estética”, su idea de la creación literaria, su poética propia.

Un autor tan esencial de la literatura hispanoamericana contemporánea como Bolaño o Piglia.

Leer Prehistoria de una Entrevista

 

Pablo Silva Olazábal es escritor y periodista cultural uruguayo. Con la llegada de la dictadura militar su padre, dirigente sindical y político de izquierda, se exilia en España y la familia lo sigue en 1977. Vive en varias ciudades (Valencia, Palma de Mallorca y Madrid) y retorna en 1986. Leer más

 

 

 


 



 

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PREHISTORIA DE UNA ENTREVISTA

Pablo Silva Olazábal

Conocí a Mario Levrero a través de un cuento suyo que leí en España, en Cuadernos de Marcha. Se llamaba “La casa de pensión” y me impresionó vivamente, pero por sobre todo me cayó muy simpático. Quince años más tarde me integré al primer taller virtual que Jorge Mario Varlotta Levrero coordinó vía correo electrónico. Allí entablamos una relación epistolar que duró hasta su muerte y que es la base del presente trabajo.
Importa aclarar que no pertenecí a su círculo de amigos íntimos, ni integré sus ta lleres presenciales, donde algunos alumnos lo acompañaron durante años, y que nos vimos cara a cara menos de una docena de veces. La nuestra fue una relación basada en el interés por escribir y aprender literatura (si es que se aprende). Por sobre todas las cosas, fue una relación escrita.

Desde el 2000 al 2004 lo asedié con preguntas que buscaban conocer las claves de su concepción literaria y artística, sus gustos, disgustos, manías, las formas de ver el mundo y la vida, y un etcétera largo y frondoso. Lo que sigue es un compendio de una correspondencia que en su totalidad abarca más de trescientas páginas y que, en aras de excluir comentarios circunstanciales, reduje a menos de la tercera parte. El criterio para seleccionar los fragmentos fue el de incluir todo aquello que aportara a la expresión del pensamiento y las concepciones estéticas de Levrero. Si un comentario generaba una respuesta relevante, entonces merecía ser incluido. Digo esto para justificar la presencia de comentarios y opiniones demasiado personales: para comprender cabalmente una respuesta es necesario conocer todo lo que la motivó. El diálogo se presenta en forma de entrevista, siguiendo el método empleado en el 2000, cuando publiqué en el suplemento cultural del diario El País (Montevideo, 27/10/00, pp. 10-11) el resumen de las conversaciones mantenidas hasta ese entonces. Levrero calificó aquel trabajo con tres palabras: “me satisface plenamente”.
Es posible que la experiencia de esa entrevista, en alguien tan sensible e inteligente como él, haya condicionado las conversaciones posteriores que mantuvimos en los años subsiguientes. Seguramente percibió que tarde o temprano las cartas que intercambiábamos int egrarían otra entrevista, más amplia y general, que abarcaría no sólo sus puntos de vista sobre la escritura, sino sobre el arte y la vida. Como sea, baste consignar que algunas veces tuve la impresión de que había “una tercera persona” en nuestro diálogo, un tercero ausente. Para su mejor comprensión, he dividido el trabajo en 10 capítulos mencionando los temas que se tratan al comienzo de cada uno de ellos. Por último, una aclaración innecesaria: no hay en el presente trabajo aspiración alguna a la exclusividad de tener “la justa” –es decir, la verdad revelada- de un pensamiento tan rico y complejo como el de Levrero. Es posible que en la extensísima red de correos que escribió en sus últimos años haya material (conceptual, artístico, vivencial) distinto a este, entre otras cosas porque nadie se dirige del mismo modo a todas las personas.

Las palabras de Mario en el presente libro surgen del contexto de una correspondencia personal; esto quiere decir que el tono usado por él no es exactamente el de sus apariciones en la prensa escrita. En la mencionada experiencia de El País Cultural, Mario me exigió que especificara el contexto epistolar en que se había desarrollado la entrevista, eso explicaba el tono informal –según él, “guarango”– usado en las respuestas. Como prueba de to do lo anterior –es decir, de que este libro no es la “voz” exclusiva de Mario– y porque me parece excelente, incluyo a ntes de empezar un fragmento de un correo que envió a otra alumna de su taller virtual, la escritora Cristina Vázquez, y que funciona como una lúcida declaración de principios de sus concepciones estéticas:

“¿Es razonable un perro? ¿Es razonable un niño? ¿Es razonable un ser humano?
¿Es razonable la vida? ¿Por qué un autor debe explicar un texto, si no tenemos respuestas para las preguntas más sencillas?
El que mira un cuadro y que cree que lo entiende porque reconoce un zapato si el pintor pintó un zapato, tal vez diga que no entiende el arte abstracto. Pero no hay ningún cuadro, ninguna manifestación artística que sea para ser entendida. El arte es para que lo integres a tu vida como una experiencia más. No quiero decir que un texto deba ser incoherente (a pesar de que escribir un texto incoherente es una consigna avanzada de mis talleres; tenés que ver cómo gozan los alumnos cuando vencen las resistencias y aceptan ser alógicos, y cuánto les sirve eso para abrirse camino en su estilo y aún en otras cosas). ¿Pero es razonable Kafka, es razonable Joyce, hay algún autor no mediocre que sea razonable? Claro, los profesores pueden explicar muchas cosas de esos textos no razonables, pero eso no explica al texto mismo, ese milagro, y además por tratar de explicarlo no disfrutan, ni lo integran como experiencia personal, ni les sirve de nada –aparte de ganarse algún sueldo deformando alumnos–.
Las preguntas existenciales no tienen respuesta racional (véase “Del sentimiento trágico de la vida”, por Unamuno) que no sea engañosa. La gracia está en crear a partir de esa tragedia.”

Mario Levrero, correo enviado el 29/07/2002

Bien, y concluido el preámbulo, pasemos a la acción.

Pablo Silva Olazábal